
Por: Redacción YSKL
Momentos después de que Nicolás Maduro compareciera ante un juez en un tribunal federal de Nueva York, la chavista Delcy Eloína Rodríguez Gómez -hasta hoy vicepresidenta ejecutiva- se ha juramentado este lunes como presidenta encargada de Venezuela. El acto se ha celebrado en la Asamblea Nacional (AN), pocos minutos después de que se oficializara la instalación del nuevo Parlamento, conformado por los diputados electos el pasado 25 de mayo de 2025 en unos comicios marcados por una escasa participación ciudadana.
La nueva presidenta ha jurado «por Maduro y por Chávez», además de por su propio hermano Jorge y el resto de sus familiares. «Vengo como vicepresidenta ejecutiva del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, a prestar juramento… Vengo con dolor por el sufrimiento que se le ha causado al pueblo venezolano… Vengo con dolor por el secuestro de dos rehenes que tenemos en los Estados Unidos: el presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores», ha jurado y expresado frente a su hermano y con su mano izquierda sobre una biblia sostenida por Nicolasito, el hijo de Maduro. A su vez, ha prometido «garantizar un gobierno que dé felicidad social y estabilidad política».
De esta manera, Rodríguez se convierte en la primera mujer presidenta de Venezuela. Lo ha hecho bajo el matiz de «encargada» y sin ser elegida democráticamente en unas elecciones, pero con el amparo de la Constitución de su país, que en su artículo 233 estipula que, «mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente o la nueva presidenta, se encargará de la presidencia de la República el vicepresidente ejecutivo o la vicepresidenta ejecutiva», y ese era el cargo que venía desempeñando la chavista hasta que Nicolás Maduro fue extraido y encarcelado por el gobierno estadounidense.
Previamente, Nicolasito Maduro Guerra bendijo al «hombre leal» y señaló a quien seguirá presidiendo la Asamblea Nacional (AN), órgano legislativo chavista tan fraudulento como el resto de poderes. El elegido era el favorito, Jorge Rodríguez, hermano mayor de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
El cierre de filas del hijo del tirano se produjo sólo horas después de que en una transmisión en directo en sus redes sociales, y entre sollozos, señaló veladamente a quienes hoy han sustituido a su padre: «La Historia dirá quiénes fueron los traidores, la Historia lo develará. Lo veremos».
Minutos después, la abrumadora mayoría chavista confirmó al jefe negociador de Maduro como presidente, otra vez, de la AN. «Evidente y determinante mayoría», señaló Fernando Soto Rojas, quien por edad encabezaba la sesión de instalación.
No hacia falta votar. La Asamblea Nacional (AN) resultó elegida en unas elecciones fake celebradas el año pasado, sin la presencia de la oposición democrática, que estaba encarcelada, escondida o exiliada. También porque el chavismo repartió los escaños entre colaboracionistas y ultramoderados, que forman parte de la oposición a la medida de la dictadura.
La distribución de los 285 escaños lo dice todo: 253 para el chavismo, 13 para Alianza Democrática (una mezcla de los famosos alacranes, contratados por el testaferro de Maduro, y de grupos impuestos por el TSJ), 12 para la coalición de Henrique Capriles y el exgobernador Manuel Rosales, 4 para Fuerza Vecinal y uno para Antonio Ecarri, que negoció durante días su pase al grupo de Capriles.
El pulso interno por el poder parlamentario se había prolongado durante horas. Diosdado Cabello, jefe de los radicales, deseaba regresar al amparo de la AN, pero Washington lo hubiera interpretado como un desafío: el ministro de Interior, cuya recompensa es de 25 millones de dólares, ha quedado señalado como el siguiente capo del Cártel de los Soles.
Otro sector del chavismo quiso reivindicar a Maduro imponiendo a su hijo al frente de la AN. Tampoco lo consiguieron. «La patria está en buenas manos, papá. Y pronto nos abrazaremos en Venezuela», añadió Maduro Guerra. Y volvió a llorar.
La sesión comenzó con distintos homenajes a quienes a esas horas se enfrentaban por primera vez a la Corte de Justicia neoyorquina. Las cámaras de la propaganda chavista enfocaron el escaño vacío de Cilia Adela Flores de Maduro, como rezaba un pequeño cartel en su homenaje. Después buscaron el gesto atribulado de Nicolasito Maduro Guerra, siempre al lado de su padre menos en la histórica madrugada del 3 de enero. Otros diputados le daban el pésame a Juan Escalona, el famoso edecán militar, primero de Hugo Chávez y luego de Maduro. Tampoco estuvo en la fortaleza construida para el dictador en el interior de Fuerte Tiuna en la madrugada del sábado.
«Nuestro país necesita diálogo y entendimiento», aseguró Nicolasito. «Mi papá, el presidente y mi segunda madre han sido secuestrados. Un abuelo amoroso. Su verdadero delito es ser revolucionarios venezolanos, que no se vendieron ni se venderán. De ellos aprendí la serenidad (sollozos). Esperanza de que la verdad triunfará. Ellos volverán, nuestros ojos lo verán. Están desafiando una estirpe histórica. ¡Si ellos son Monroe, nosotros somos Simón Bolívar», concluyó el otro gran protagonista de la jornada, que entusiasmado por los aplausos de sus colegas llegó a denunciar la «ley de la selva» impuesta por EEUU.


















