Conmemoración de los 25 años del terremoto del 13 de febrero de 2001: Lecciones y memorias desde la Cruz Roja Salvadoreña

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Foto: Cortesía.
Foto: Cortesía.

Por: Redacción YSKL

En el marco del vigésimo quinto aniversario del terremoto que sacudió la zona paracentral de El Salvador el 13 de febrero de 2001, la Cruz Roja Salvadoreña reflexionó sobre los avances operativos y los desafíos humanos enfrentados durante una de las épocas más críticas en la historia sísmica del país.

José Rolando Martínez, experimentado rescatista de la institución, destacó que la emergencia permitió un crecimiento significativo en la gestión de crisis, subrayando que se fortaleció la parte operativa y, sobre todo, la logística en la evaluación de daños.

Gracias a capacitaciones internacionales, como las recibidas en Colombia, el cuerpo de socorro logró implementar métodos más ágiles para detectar afectaciones y canalizar la ayuda de manera oportuna.

El recuerdo de aquellos días permanece marcado por la incertidumbre de una tierra que no dejaba de moverse. Según relató Martínez, tras el sismo principal se registró un promedio de 60 temblores diarios, una situación que generaba una constante inquietud sobre el futuro inmediato de la población.

Ante este escenario, el rescatista buscó la guía de figuras históricas como don Baltazar Yorcker, fundador de los socorristas en el país, quien le brindó una perspectiva de calma basada en experiencias previas. Martínez recuerda que Yorcker le explicó: «No te preocupes, esto es normal, o sea, puede pasar temblando hasta seis meses»; una predicción que, en efecto, se cumplió durante el resto de ese año.

A pesar de la magnitud de los eventos sísmicos de 2001, los rescatistas notaron una diferencia estructural respecto a tragedias anteriores. Martínez señaló que, a diferencia del terremoto de 1986, en esta ocasión no se observaron edificios colapsados de la misma forma, aunque la saturación de emergencias tras el primer sismo del 13 de enero ya había agotado los recursos físicos y humanos de la institución.

El rescatista enfatizó que la ayuda internacional fue vital para dar un «refresco» al personal que ya se encontraba saturado de actividades debido a que la afectación fue prácticamente a nivel nacional.

Finalmente, la labor de rescate dejó huellas emocionales profundas vinculadas a la frustración de la búsqueda bajo los escombros. Martínez compartió lo impactante que resultaba trabajar sobre inmensas capas de tierra con la sospecha de que debajo pudieran existir vehículos o personas atrapadas sin poder detectarlas a tiempo. Al respecto, reflexionó con pesar que ese sentimiento de impotencia surge al «saber que había alguien ahí y no lo pudiste encontrar o encontrarlo y ya no encontrarlo con vida», cerrando así un capítulo de memoria histórica que sigue impulsando la preparación de los cuerpos de socorro salvadoreños.