¿Qué es realmente una “mala madre”? Autora cuestiona las presiones y estándares sociales sobre la crianza

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Por Redacción YSKL

La percepción de lo que significa ser una “mala madre” responde más a presiones culturales que a criterios objetivos, según plantea la escritora Ej Dickson en su libro “Una mala madre: elogio de las amas de casa psicópatas, los padres ambiciosos, las madres influyentes y otras mujeres que nos encanta odiar”.

Dickson sostiene que las mujeres enfrentan constantes señalamientos sobre su forma de criar.

“A las mujeres nos dicen constantemente que no estamos criando bien a nuestros hijos (…) la mayoría de las veces, eso no es cierto”, afirmó en una entrevista a CNN.

Una etiqueta amplia y cambiante

De acuerdo con la autora, el concepto de “mala madre” es flexible y suele aplicarse a cualquier mujer que no encaje en las expectativas sociales.

Puede referirse tanto a quienes son consideradas demasiado permisivas como a quienes son vistas como estrictas o excesivamente cuidadosas.

Además, señala que el entorno digital ha intensificado este fenómeno.

La exposición constante en redes sociales ha incrementado los niveles de política hacia las madres, incluso por aspectos cotidianos de la crianza.

Diferencias en la percepción de madres y padres

Existe una diferencia histórica en la forma en que se evalúa a madres y padres, indicó Dickson.

A las madres se les atribuye la responsabilidad total del bienestar de los hijos, mientras que a los padres “se les elogia simplemente por estar presentes”, explicó.

Aunque reconoce que la participación paterna ha aumentado, considera que las expectativas sociales no han cambiado al mismo ritmo.

Críticas a la crianza intensiva

La autora también cuestiona la llamada “crianza intensiva”, caracterizada por una supervisión constante de cada aspecto de la vida de los hijos.

A su juicio, este enfoque puede generar efectos negativos tanto en madres como en niños.

“Ser tan controlador en la crianza puede ser perjudicial (…) los niños son personas independientes y parte de crecer implica cometer errores”, explicó.

Asimismo, vinculó este modelo con mayores niveles de ansiedad y presión en las madres, debido a estándares que considera difíciles de cumplir.

Culpa y expectativas sociales

Dickson plantea que muchas madres experimentan sentimientos de culpa, especialmente al combinar la vida laboral con la crianza.

Sin embargo, recordó que históricamente las mujeres han trabajado fuera del hogar, y que la idea de la madre dedicada exclusivamente al hogar se consolidó después de la Segunda Guerra Mundial.

Este contexto, señaló, puede ayudar a cuestionar las expectativas actuales y reducir la presión internalizada.

Criterios sobre la crianza

En relación con cómo se evalúa la crianza, la autora cuestionó que se utilicen indicadores como el éxito académico o profesional de los hijos. En su opinión, los aspectos principales deberían ser “la salud y la felicidad”, especialmente en la infancia.

También advirtió sobre la existencia de una industria que busca aprovechar las inseguridades de las madres mediante la venta de productos o soluciones, e instó a mantener una postura crítica frente a este tipo de contenidos.

Además, consideró que las madres pueden beneficiarse de reducir la autoexigencia y permitirse pausas dentro de la dinámica de la crianza.