Por Redacción YSKL
La forma en que las personas eligen y consumen alimentos no depende únicamente del hambre o del sabor. Diversas investigaciones citadas por especialistas en comportamiento del consumidor y ciencias de la alimentación señalan que factores visuales, auditivos y táctiles pueden influir en las decisiones de compra, la percepción del sabor y la cantidad de comida ingerida.
Charles Spence, psicólogo especializado en ciencias de la alimentación de la Universidad de Oxford, sostiene que el sabor es resultado de múltiples estímulos.
“Todos pensamos que saboreamos en la boca”, pero “todos los demás sentidos están involucrados”, afirma a la BBC.
Los estudios revisados indican que comprender estos mecanismos puede ayudar a modificar hábitos alimentarios y favorecer elecciones con menor contenido calórico o mayor valor nutricional.
La presentación y ubicación de los alimentos influyen en las decisiones
Uno de los factores identificados es el impacto visual de los productos. La investigación señala que los consumidores suelen sentirse más atraídos por alimentos que destacan por sus colores o presentación.
Betina Piqueras-Fiszman, profesora asociada de mercadeo y comportamiento del consumidor en la Universidad de Wageningen, explica que ciertos colores suelen asociarse con alimentos más saludables.
Según la especialista, los empaques marrones, verdes o blancos tienden a percibirse como opciones más sanas, mientras que colores como rojo, amarillo o púrpura suelen relacionarse con productos de consumo ocasional.
Los expertos también destacan que la ubicación de los productos dentro de los supermercados puede condicionar las compras.
Los artículos colocados a la altura de la vista o cerca de las cajas registradoras suelen captar más atención y generar compras impulsivas.
Algunas investigaciones encontraron que sustituir dulces por frutas en las zonas de cobro puede incrementar la adquisición de productos frescos.
El peso de los utensilios y la presentación pueden modificar percepciones
Los estudios también sugieren que la forma en que se sirve la comida puede alterar la experiencia de consumo.
Investigaciones citadas en el artículo indican que algunos participantes percibieron mayor saciedad cuando la comida se presentaba en recipientes más pesados, incluso antes de probarla.
De manera similar, ciertos comensales reportaron mayor satisfacción cuando utilizaron cubiertos de mayor peso.
Asimismo, la presentación visual de los alimentos puede aumentar su atractivo.
Un experimento encontró que una ensalada organizada con una disposición artística fue calificada como más sabrosa y obtuvo una mayor valoración económica que los mismos ingredientes presentados de forma convencional.
Spence recomienda incorporar una amplia variedad de vegetales y hojas de distintos colores para incrementar la percepción de frescura y atractivo de los platos.
La música y los sonidos también afectan el consumo
El sonido constituye otro elemento analizado por los investigadores. Este fenómeno ha sido denominado “condimentación sonora” o sonic seasoning.
La evidencia recopilada indica que la música de ritmo lento puede contribuir a que las personas coman más despacio, mientras que ciertos tonos musicales pueden modificar la percepción del dulzor o del amargor de algunos alimentos.
Los especialistas también señalan que reducir distracciones como teléfonos móviles o televisores durante las comidas puede ayudar a disminuir la ingesta calórica.
Aumentar el volumen de los alimentos sin incrementar calorías
Otra estrategia identificada consiste en reducir la densidad energética de los alimentos sin modificar significativamente su volumen.
Barbara Rolls, profesora de ciencias nutricionales de la Universidad Estatal de Pensilvania, explica que las personas suelen consumir cantidades similares de comida independientemente de las calorías que contienen.
“Si se reduce la densidad energética dentro de esa cantidad de comida, seguirá habiendo porciones satisfactorias, pero se consumirán menos calorías”, señala.
Sus investigaciones encontraron que añadir vegetales triturados, como coliflor o espinaca, permitió reducir hasta en un 25 % la densidad energética de algunas comidas sin afectar la sensación de saciedad reportada por los participantes.
El efecto del “estómago para el postre”
Los investigadores también advierten que las señales externas pueden influir en el apetito incluso cuando una persona ya está satisfecha.
Estudios recientes identificaron el llamado efecto del “estómago para el postre”, según el cual la simple visión de un postre puede generar deseo de consumirlo aun después de una comida suficiente.
Spence sostiene que, en muchas ocasiones, las personas comen motivadas por estímulos visuales, auditivos u olfativos más que por una necesidad fisiológica inmediata.
“Rara vez comemos porque estamos desesperadamente hambrientos”, afirma.
Los hallazgos sugieren que prestar atención a los estímulos sensoriales presentes durante las compras y las comidas podría contribuir a tomar decisiones alimentarias más conscientes.
