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¿Por qué El Niño puede afectar la salud mental? OPS advierte sobre estrés, ansiedad y depresión asociados a desastres naturales

Por Redacción YSKL

Los efectos de El Niño en América Latina y el Caribe no se limitan a la inseguridad alimentaria, el dengue, los problemas respiratorios o las enfermedades gastrointestinales. Las inundaciones, sequías y episodios de calor extremo asociados al fenómeno también pueden afectar la salud mental, con consecuencias que pueden extenderse incluso después de que las condiciones de emergencia hayan terminado.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha advertido sobre estos efectos en un informe reciente.

el estrés y la ansiedad, junto con alteraciones del sueño y dificultades para desarrollar actividades cotidianas, son algunas de las reacciones más frecuentes, explicó Carmen Martínez, asesora regional en Salud Mental y Uso de Sustancias de OPS/OMS a CNN Español.

Las sequías prolongadas y las inundaciones pueden provocar pérdida de ingresos, desplazamiento de familias y dificultades para acceder a agua, alimentos y otros insumos básicos. Ante estas circunstancias, el estrés y la ansiedad pueden ser respuestas esperables frente a una situación de desastre.

“De alguna manera normales, porque es una reacción para intentar lidiar con esa situación tan anormal del desastre”, señaló Martínez.

Incertidumbre también afecta

El impacto sobre la salud mental no depende únicamente de las pérdidas económicas.

La incertidumbre sobre cómo recuperar las condiciones de vida y garantizar las necesidades de la familia también puede generar presión emocional.

“La pérdida de los ingresos es un elemento fundamental, pero también es verdad que el propio miedo a la inseguridad de qué va a pasar después (…) también es fundamental”, explicó Martínez.

La situación ocurre en una región que ya enfrenta una importante carga de problemas de salud mental.

Según estimaciones de la OPS, una de cada cuatro personas en América Latina y el Caribe experimentará algún trastorno de salud mental durante su vida. Además, las tasas de ansiedad y depresión de la región superan los promedios mundiales.

Personas con antecedentes de problemas de salud mental presentan un riesgo mayor ante este tipo de emergencias, aunque los efectos pueden alcanzar a cualquier persona.

Las mujeres también figuran entre los grupos más vulnerables, particularmente cuando tienen responsabilidades directas de cuidado dentro de las familias.

En América Latina, la prevalencia de depresión y ansiedad entre las mujeres es casi el doble que entre los hombres.

Aumenta riesgo de consumo de sustancias

Las situaciones prolongadas de estrés también pueden favorecer un mayor consumo de alcohol y otras sustancias como mecanismo para afrontar las dificultades.

“Lo que está demostrado es que uno de los mecanismos habituales de las personas, cuando estamos en situaciones estresantes (…) reaccionamos buscando alternativas de alguna manera para paliar esa situación”, explicó Martínez.

La OPS señala que el consumo de alcohol en las Américas es aproximadamente 40 % superior al promedio mundial y que existen patrones de consumo particularmente riesgosos, entre ellos episodios de consumo excesivo.

También puede aumentar el uso de psicofármacos, especialmente ansiolíticos. Martínez advierte que estos medicamentos no deben iniciarse sin valoración médica.

En situaciones de estrés agudo provocadas por un desastre, los fármacos no suelen ser la primera alternativa.

“En términos generales, en una situación como esta, en el momento normal del estrés no se va a recomendar en primera línea ningún fármaco”, explicó.

Efectos pueden aparecer después

Durante las primeras etapas de una emergencia son frecuentes el estrés, la angustia, la ansiedad y los problemas de sueño. Si las condiciones adversas se prolongan, puede aumentar el riesgo de depresión.

Los problemas tampoco necesariamente aparecen de inmediato. Una persona puede mantenerse concentrada en resolver las necesidades urgentes durante una emergencia y presentar dificultades de salud mental semanas o meses después.

“La mayor parte de las personas empiezan con reacciones iniciales que luego pueden recuperarse o pueden mantenerse o empeorar, pero en algunos casos también puede ser que las reacciones aparezcan de manera postergada”, dijo Martínez.

Esto puede ocurrir cuando la persona, durante la crisis, permanece enfocada en encontrar soluciones y posteriormente procesa lo sucedido. Entre quienes pueden experimentar este tipo de reacciones también están las personas encargadas del cuidado familiar y quienes participan directamente en la respuesta a los desastres.

Riesgo de violencia de género

La OPS también ha advertido que las emergencias asociadas con El Niño pueden incrementar el riesgo de violencia basada en género.

Entre los factores identificados están:

  • Refugios superpoblados o con condiciones inadecuadas.
  • Desplazamientos y pérdida de vivienda.
  • Dificultades para acceder a servicios de salud y asistencia social.
  • Inseguridad alimentaria.
  • Incremento del estrés y los conflictos familiares.

“Lo que hemos visto es que realmente hay mucho mayor riesgo para que pueda haber conflictos en la familia, (y) violencia de género, por esa tensión que se va acumulando”, señaló Martínez.

El riesgo puede ser mayor cuando existen antecedentes de violencia de género o cuando los adultos fueron víctimas de violencia durante su infancia. Sin embargo, también pueden presentarse episodios en familias sin antecedentes previos.

La OPS cita como ejemplo a México, donde durante períodos de sequía los déficits locales de precipitaciones se asociaron con un aumento de lesiones relacionadas con la violencia de pareja.

La inseguridad alimentaria también puede incrementar la dependencia económica y el estrés social y favorecer mecanismos de supervivencia que aumenten la exposición a explotación y violencia sexuales.

Apoyo comunitario como herramienta

Ante estos efectos, Martínez destaca la importancia de mantener redes de apoyo y espacios para expresar lo que las personas están experimentando.

Además de medidas básicas de autocuidado, como mantener una alimentación adecuada, hidratarse y realizar actividad física, el diálogo puede ayudar a afrontar las reacciones emocionales provocadas por una emergencia.

“El poderse apoyar mutuamente, el tener la oportunidad de que puedas realmente hablar, que puedas expresar qué es lo que te pasa, cómo lo estás viviendo”, explicó.

En el caso de niñas y niños, las personas cuidadoras tienen un papel especialmente importante. La OPS recomienda transmitirles seguridad y permitir que expresen sus emociones.

“Es un mito bastante habitual pensar que es mejor no hablar de lo que está pasando y no hablar de los sentimientos porque entonces puede ser peor y es todo lo contrario”, afirmó Martínez.

La especialista sostiene que reconocer las reacciones emocionales como parte de una experiencia de emergencia y hablar sobre ellas puede contribuir al bienestar tanto familiar como comunitario.

El impacto de El Niño, además, podría prolongarse.

Según expertos de la Organización Meteorológica Mundial, existe una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027, por lo que sus efectos podrían continuar durante los primeros meses del próximo año.

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