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¿Puede un programa evitar que jóvenes hackers cometan delitos? Reino Unido ofrece alternativas legales a más de 1,150 adolescentes con talento tecnológico

Por Redacción YSKL

Las autoridades del Reino Unido han intensificado los esfuerzos para evitar que adolescentes con habilidades informáticas terminen involucrados en delitos cibernéticos, a través del programa Cyber Choices, una iniciativa que combina orientación, seguimiento y formación para redirigir el interés por la informática hacia carreras legales en ciberseguridad.

De acuerdo con la Agencia Nacional contra el Crimen (NCA), el programa ha recibido más de 1,150 referencias en los últimos ocho años, de las cuales casi 600 se registraron en los últimos tres años, en un contexto de creciente participación de jóvenes en ataques informáticos de alto perfil.

Aumenta la participación de adolescentes en ciberataques

Las autoridades advierten que grupos de hackers integrados por jóvenes de habla inglesa han sido vinculados a ataques contra organizaciones como Transport for London (TfL) y MGM Grand en 2024, así como Marks & Spencer y Co-op en 2025.

También señalan un incremento en los ataques dirigidos a personas con tenencias de criptomonedas.

“Ciertamente se ha convertido en un problema mayor”, afirmó Paul Foster, responsable del trabajo de prevención cibernética de la NCA.

Según explicó, los jóvenes tienen acceso a dispositivos y comunidades en línea desde edades cada vez más tempranas, lo que incrementa su exposición a influencias relacionadas con el cibercrimen.

Cómo funciona el programa

Cyber Choices, también conocido como Cyber Prevent, trabaja con adolescentes que han mostrado interés por actividades de hackeo, explicándoles los límites legales y ofreciéndoles alternativas de formación y empleo en el sector tecnológico.

Principales acciones del programa:

  • Reuniones individuales con agentes especializados.
  • Explicación de las consecuencias legales de los delitos informáticos.
  • Identificación de intereses y aptitudes tecnológicas.
  • Orientación hacia certificaciones y estudios en ciberseguridad.
  • Visitas a universidades y centros de formación.
  • Seguimiento durante varios meses.

El agente Sam Cooper, quien participa en el programa, explicó que primero muestra a los jóvenes “qué es legal y qué no” y posteriormente busca orientar sus habilidades hacia oportunidades profesionales.

Casos de jóvenes que cambiaron de rumbo

Uno de los participantes es Lucas, un adolescente de Cumbria que fue descubierto tras vulnerar en dos ocasiones los sistemas informáticos de su escuela para acceder a juegos y páginas bloqueadas.

“Era como un reto ver si podía hacerlo”, relató. Tras la intervención policial, comenzó a trabajar con el programa y próximamente visitará una universidad para conocer su oferta académica en ciberseguridad.

Otro caso es el de Izak, actualmente de 21 años, quien a los 15 años hackeó los sistemas de su escuela para utilizar programas de diseño gráfico y posteriormente fue captado por grupos de ciberdelincuencia.

Según explicó, la intervención de la policía le permitió considerar la ciberseguridad como una opción profesional y aprender a “usar mis habilidades informáticas para el bien”.

Autoridades reconocen desafíos del programa

Las autoridades señalan que muchos de los adolescentes atendidos no iniciaron con la intención de cometer delitos, sino que comenzaron experimentando con tecnología, intentando superar restricciones o poniendo a prueba sistemas informáticos antes de ser atraídos por comunidades dedicadas al hackeo.

Cooper indicó que “la gran mayoría” de los jóvenes con los que trabaja son neurodivergentes o presentan características compatibles con esa condición, lo que, según dijo, puede influir en su afinidad por la informática y en la fijación por determinados objetivos.

El programa también ha recibido cuestionamientos. Algunos críticos consideran que enseñar habilidades de ciberseguridad a jóvenes que ya han mostrado interés en el hackeo podría fortalecer sus capacidades para delinquir.

Incluso, en un proceso judicial en curso se conoció el caso de un adolescente que habría cometido nuevos delitos tras participar en la iniciativa.

Foster defendió el enfoque preventivo y planteó que, sin este tipo de programas, esos jóvenes podrían buscar orientación en entornos vinculados al cibercrimen.

“Mi preocupación es que, si no les ofreciéramos algo como Cyber Choices, ¿dónde obtendrían esa orientación y hacia dónde los llevaría?”, expresó.

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